Llovía, era un día asqueroso, de esos que no tienes ganas ni de salir de la cama, pero hora de ir a la escuela.
Hacía ya cinco años que no veía a mi hermana, se había ido a hacer un cursillo en el extranjero. Dejé la fotografía familiar donde estaba y miré por la ventana abrazándome para darme calor al ver las gotas de agua caer por el cristal.
- Desayuno y bus. - Sonaba la voz de la criada desde la cocina con lo que parecía ser el ruido de platos y un grifo abierto. Estaba limpiando la cocina.
- Si, ahora voy.
Me puse unos vaqueros que encontré tirados en la silla y una camisa. Adecenté un poco el pelo y me miré al espejo suspirando. Da igual como me pusiera, era un día más en la escuela, sin nada nuevo.
Bajé las escaleras tranquilamente, pasando mi mano por la barra y deslizándola, bajaba de uno en uno hasta que otro mensaje, o amenaza, llegó a mis oídos.
- Como pierdas el bus no te voy a llevar, tu verás.
- No lo voy a perder... - Apenas se me escuchó pero tampoco quería que lo hiciera, era como hablar con la pared y esperar que esta te entendiera y te respondiese. Una pérdida de tiempo.
Llegué a la cocina y miré el desayuno: café y una tostada.
Lo curioso es que sabe que no me gusta el café pero por ahorrarse tiempo seguro que de lo que se hizo sobró eso y me lo echó sin miramientos.
Me acerqué al perchero y cogí el abrigo y la mochila con todos los libros necesarios y cuando me dispuse a abrir la puerta, Sandra la criada, salió de la cocina al ver que no comía el desayuno.
- ¿No desayunas?
- No me gusta el café y la tostada se te quemó mientras estabas hablando con tu novio por el telefono de casa, comeré algo de la que voy a la escuela.
La verdad era que se pasaba horas y horas abusando del telefono de casa hablando con su novio o amante o lo que fuera que fuese, que a mi tampoco me importaba demasiado.
Sandra era no muy alta, de pelo cobrizo y de ojos grandes y verde oscuro. Nació en Rumania pero se vino a trabajar aquí, en un pueblo perdido del mundo, porque decía que allí la cosa había empeorado.
¿Estará estudiando mi hermana en Rumania?
Salí de la casa sin vovler a mirarla y ví que el autobús ya estaba a lo lejos: lo había perdido.
Llovía a cántaros y no llevaba paraguas pero tampoco quería perder clase ni tampoco ir y decirle a Sandra que había perdido el bus y que me tendría que llevar, me contestaría algo como "te dije que no te llevaría" para acabar llevándome con cara de bulldog, vamos, de pocos amigos.
Empecé a caminar.
A mitad del camino dejó de llover y realmente se lo agradecí a Dios porque un resfriado era lo último que quería.
Seguía caminando hasta que oí un ruido muy lastimero, me giré y vi que provenía de una callejuela muy oscura, sin salida y estrecha. Me acerqué, tenía tiempo de sobra para llegar.
Miré y no encontré nada así que me giré para volver a caminar pero volvió a sonar. Venía de una caja de cartón mojada y casi podre. Me acerqué lo máximo que pude y vi un gatito de no mas de 2 meses de vida. No sabía si dejarlo ahí o en la puerta de una casa cercana pero había algo en ese gatito que no podía dejar de mirarlo y sentir compasión por él.
Era pequeño, muy pequeño, color naranja atigrado y estaba un poco sucio y empapado.
Lo cogí en manos y lo metí en el bolsillo de mi chaqueta, ahí al menos estaría calentito y seco. Dejé de oirle así que deduje que se habría dormido y seguí caminando.
Miré al frente y vi a un chico con una sudadera negra, y con la capucha tapándose la cara, escuchaba música porque veía los cables de los auriculares pero no veía nada más.
Estaba caminando hacia mi y pensé que se apartaría él pero no lo hizo y casi me tira de la fuerza que tenía.
- ¡Ten más cuidado!
Hablé al vacío porque ni si quiera se giró a pedirme perdón.
Llegué a la entrada de la escuela.
Entré por la puerta y recé por que fuera un mal sueño y que me despertaría en mi casa pero no, sonó el timbre y todos empezaron a correr para su aula. Yo estaba empapada así que me salté la primera clase y fui al baño a ver si podía arreglar algo el pelo o secar un poco la ropa.
Saqué al gatito del bolsillo y estaba aún dormido, lo dejé encima de la mesa del baño y me agaché para quedar mirándolo directamente. Era realmente tierno. Me iba a matar en casa si lo descubría Sandra pero no tenía porqué ¿no?.
Puse mis manos debajo del secador de manos y disfruté del calor tranquilamente mientras vigilaba al gatito encima de la mesa. Vi algo.
Me giré y no vi nada, todas las puertas de los baños abiertas y la que sale al pasillo cerrada. Esto empezaba a ser extraño.
De nuevo la sombra que atraviesa el baño por el espejo, me estaba asustando pero por suerte no creo en fantasmas ni en cualquier otra cosa así que deduje que sería cualquier reflejo de un cristal que me jugaba una mala pasada. Cogí al gatito y salí del baño.
El timbre dejó de sonar y otra vez movimiento y esta vez si fui a la clase, para variar. Entré y todos estaban hablando sobre el fin de semana pasado o el que viene, pero siempre el fin de semana. Me senté en mi sitio y esperé a que empezase la clase mientras escuchaba conversaciones agenas.
- ¿Viste el chico que servía copas? - Decía Ana Rodriguez toda emocionada, como si el chico fuera un modelo por descubrir. - El de los ojos claros y cara agraciada.
Ana era alta, pelo castaño tirando a oscuro y ojos oscuros también. La consideraban un poco "divertida" por eso de que cada noche estaba con un chico distinto.
- Chica, estaba muy oscuro... no tuve tiempo de fijarme en el camarero con todo lo que se movía a mi espalda
Por otro lado los chicos tenían su conversación paralela.
- Ví el otro día a Carmen Vallina caminando por ahí arriba, por donde el bar de Pedro y estaba..
Cosas sin importancia en resumen.
Comenzó la clase y todos se sentaron tranquilamente pero no atendían nada al profesor. Era algo normal, era clase de Lengua y Literatura y solo se dedicaba a leer fragmentos de "El libro del buen amor" que todo hay que decirlo, menuda tortura.
Las horas no pasaban, bueno, no las horas, los segundos. Era un martirio mirar el reloj de la pared y ver que no avanzaba, me limitaba a acariciar al gatito disimuladamente.
Miré por la ventana y vi como el viento agitaba los árboles cercanos y suspiré profundamente, empapada y con viento, al final no podría huir de la gripe.
Salimos de la clase casi un minuto antes de sonar el timbre y caminé hacia el comedor tranquilamente. Oía toda clase de insultos y de calamidades que, en fin, daba un poco de vergüenza.
Me puse a la cola para coger la comida y sentí un empujón.
- Quítate Cassandra, estorbas. - Dijo Tomás empujándome con su bandeja - ¿No ves que no me dejas pasar, estúpida?
- No es mi culpa si no entras, quizás debas ponerte a régimen... - lo dije en voz baja, no quería tampoco armar mucho escándalo pero me escuchó de todos modos.
- Cuidadito conmigo Cass, cuidadito
- Si es una amenaza, "Tom" intenta asustar a los de párbulos, igual ellos si tiemblan... pero de risa.
Marché con mi bandeja una vez preparada y me senté en la mesa a comer tranquilamente hasta que llegó Paul.
Sonó el timbre y por fin pude decir que Dios escuchó mis plegarias o... ¿Satanás? quién sabe.
Salí hablando con Paul y riéndonos como lo llevamos haciendo desde hace once años, qué tiempos...
Nos separamos en el cruce donde me caí la primera vez que monté en bicicleta y donde él me dijo que era como una hermana, la que nunca tuvo y seguí hasta mi casa.
Nunca pensé que nunca volvería a ver ese cruce.
miércoles, 31 de marzo de 2010
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