Desperté y bostecé alegremente: ¡Sábado!
Eso implicaba varias cosas.
Para desayunar tendría tortitas, hechas por mi ya que si las hace Sandra puedo morir del asco y no volver a querer comerlas en toda mi vida y eso no podía permitirlo.
Ir de compras y quedar con Paul y por la tarde ¡Caro! si, un sábado prometedor.
Me levanté de la cama y ví una sombra en la ventana, apoyada en el marco de la ventana, de brazos cruzados y mirando por la misma. Llevaba una túnica negra con unos bordes rojizos por la parte de abajo, un bordado precioso y a la vez espeluznante.
No se le podía ver ninguna parte del cuerpo.
Se debió de dar cuenta de que me quedé mirándo la sombra y está me miró levemente. Ahora si que estaba totalmente loca.
La habitación empezó a congelarse. Las ventanas de nuevo heladas por completo y, ante mi sorpresa, la sombra que estaba viendo ahora estaba erguida delante de mi. Impasiva y a la vez tan distante.
- ¿Te atreves? - Dijo su voz distorsionada mientras movía su brazo hacia otro lugar para indicarme algo que no veía - Esta noche volveré a verte...
- ¡Despierta! - gritó Sandra zarandeándome bruscamente - ¡Parecieras muerta! ¿Quieres hacer el favor de apagar esa maldita música del móvil niña?
Y la sombra, ¿Dónde estaba la sombra?..
- ¿Eh? - Oí que me llamaban al móvil y me lancé sobre el como si Sandra no existiese y descolgué cuando Sandra suspiró y se fue de la habitación. - ¿Si?
"- Hey Cassy, ¿Dónde demonios te andas, que no habíamos quedado a en punto? - La indudable voz de Paul."
- Ay demonios... ¡me dormí! ya voy, lo siento muchichísimo en serio tío, espérame.
Nos despedimos y colgamos inmediatamente. Tenía cinco minutos para vestirme arreglarme, robarle dinero a Sandra y salir corriendo. ¡Récord!
Corrí por la casa dando saltos para ponerme los pantalones: tropecé, claramente. Me levanté de nuevo y me puse una pinza en el pelo mientras mordía una cadena que me pondría después de la pinza, en el cuello. Abroché el cinturón del pantalón y puse la cadena.
Bajé las escaleras como un auténtico canguro y llegué al bolso de Sandra, cogí cincuenta euros y preparados apunten y... ¡Fuego!
Corrí hasta la parada de bus más cercana y cuando me di cuenta de que el bus estaba llegando a la parada recordé un problema de física que estábamos dando, algo de Galileo y no se qué cosas de las velocidades que se suman y que se restan. ¡Se iba! corrí y cuando lo pude alcanzar jadeando piqué a la puerta y el conductor me miró e hizo que no me vio pero de repente noté como al picar otra vez quedó una pequeña escarcha que se evaporó enseguida.
¿La sombra?... aún así, gracias. El conductor abrió la puerta y pude entrar. Me senté atrás del todo y tuve que pasar por delante de un grupo de chicos de mi edad, es horrible eso. Empiezan a mirarte disimuladamente y risitas y demás y ni si quiera sabes de que hablan. Lo detesto.
Llegué, milagrosamente, a el punto de encuentro y estaba Paul con su cazadora y sus vaqueros desgastados, esperándome sentado en el respaldo de uno de esos bancos de madera de la calle los cuales parece que ya existían en el prehistórico.
- Siempre tarde... - dijo suspirando pesadamente y riéndose mientras se acercaba a mi para encontrarnos.
- ¡Lo siento! en serio... - no sabía que más decir, es cierto que siempre tenía que esperarme, para todo.
- ¿Aún con las pesadillas? joder, que mala pata - dijo un poco preocupado cuando le conté el porqué de mi falta de sueño visible en mis ojeras. - ¿Rumbo a..?
- Donde nos lleve el viento, no tengo nada pensado, la verdad - dije riéndome. Entonces él se chupó la punta del dedo y la levantó. No daba crédito a lo que estaba haciendo.
- Pues bien ¡por aquí! - dijo empezando a caminar.
Caminamos un buen rato hasta que nos entró el hambre y fuimos a un bar a comer unos pinchos. Desgraciadamente ahí nos encontramos a Carmen Martinez, nuestra peor "enemiga" era bien odiosa, celosa de todo y mala persona por añadir. Vamos, lo que hoy es una zorra de cuidado.
No dudó en saludarlos cínicamente con esa sonrisa de mosquita muerta y enseguida se fue dándonos la espalda.
Salvo eso la mañana pasó rápidamente y él tenía clase de wushu sanda o algo así, por lo que nos despedimos y yo bajé a casa andando, quedaban como treinta minutos para que llegara el bus y tardaba menos así.
Seguí caminando y no había nadie por las calles, estaban todos comiendo.
Me detuve.
Era el chico de la sudadera negra de la otra vez, estaba ahí, mirándome o eso creo porque no se le ve la cara. Que casualidad pensé, y seguí caminando pero el chico no se movía, solo me miraba.
Pasé a su lado y nuestros hombros se rozaron, un escalofrío em recorrió de pies a cabeza y otra vez esa sensación de angustia.
miércoles, 28 de abril de 2010
martes, 20 de abril de 2010
Capítulo 2 - Preguntas
Miré por la ventana abrazada a las mantas, yo seguía sintiendo ese frío que te podía calar hasta la médula y después de hacer comprobar a Sandra la temperatura de la casa, casi me dice que estoy loca y debería ir a un psicólogo por no se qué traumas infantiles...
La hubiera creído de no ser porque las gotas de vapor en el cristal de la ventana estaban perfectamente cristalizadas, como si fuera una obra de arte que no podías dejar de mirar.
Por suerte al aprecer este frío solo me afectaba a mi o cosas que estuvieran muy cercanas y desde entonces el gatito ya no se me acerca como antes.
¿¡Qué está pasando... qué esta pasando..qué?! Me tiré en la cama de nuevo y escondí mi cabeza debajo de la almohada cuando oí esa voz, la del sueño, en mi cabeza.
"- ¿Estás asustada?..." Sonaba metálica pero como un poco divertida de la situación. ¿En serio estaba loca?
- No, no lo estoy. Solo lo parezco para que la gente piense que estoy loca al hablar conmigo misma... - Después de decirlo me reí, muy suave, pero risa al fin y al cabo.
"- Déjame hacerte una pregunta... ¿Estás sola? " Dejé de reirme, claro que no estaba sola.
En casa estaba Sandra y si necesitaba algo podía llamar a Caro o a Paul y ellos vendrían sin ningún problema ¿Qué clase de pregunta es esa? y sobre todo ¿Por qué hablo conmigo misma mentalmente?
- No, no estoy sola. - Nadie más volvió a responderme esa tarde.
Desperté un poco antes de lo previsto y me puse el uniforme, por fin viernes.
Estaba ligeramente alegre por el hecho de la existencia de "Fin de semana" aunque parecen escasos y en peligro de extinción, existen y eso ya solo me hace feliz.
Abrí la puerta de clase y estaban todos en sus grupos habituales así que me senté en mi sitio y miré por la ventana a ese árbol que me seguía todas las estaciones.
"¿Está sola?" seguía atormentándome a mi misma con esa pregunta, no sabía ni a qué se refería.
- Entonces abrir el libro de lectura y ...
"Cumple firme cometido
y no expresa sus carencias,
nunca tuvo un corazón
en su lugar, sólo Piedra."
Que tontería de poema, que tontería de esquizofrenia mental tengo, que tontería de todo.
Salí de la escuela al comedor y esta vez Caro no apareció y Paul me dijo que tenía que sacar una fotocopias. Cogí mi bandeja y me senté en una mesa, la más cercana, y empecé a comer.
Sola, eso es. Miré a mi al rededor y vi como la gente se reía y comentaba cosas amistosamente con los demás pero me centré más y todos estaban solos por dentro, vacíos. Fue una sensación muy extraña y a la vez desagradable.
Llegué a casa después de discutir con Andrés por haber fastidiado el cortometraje de Filosofía al añadirle efectos que sobraban y me tiré en la cama. Yo quería saber más, quería saber si estaba loca o no, quería saber si estaba sola y sobre todo quería saber de donde provenían esas pesadillas.
Llamé por teléfono a Paul que estaba medio dormido, siempre dormía.
Hablamos muchísimo pero algo no iba bien, aunque estábamos hablando tranquilamente yo notaba que él estaba distante pero ¿Por qué?
Colgé y me puse a llorar con la cara en la almohada. Esto tenía que ser una pesadilla.
"- ¿Estás ahora sola? " Seguía llorando y grité sollozando que sí, que me dejaran en paz, que estaba sola y perdida y en respuesta... solo risas...
y frío, mucho frío.
La hubiera creído de no ser porque las gotas de vapor en el cristal de la ventana estaban perfectamente cristalizadas, como si fuera una obra de arte que no podías dejar de mirar.
Por suerte al aprecer este frío solo me afectaba a mi o cosas que estuvieran muy cercanas y desde entonces el gatito ya no se me acerca como antes.
¿¡Qué está pasando... qué esta pasando..qué?! Me tiré en la cama de nuevo y escondí mi cabeza debajo de la almohada cuando oí esa voz, la del sueño, en mi cabeza.
"- ¿Estás asustada?..." Sonaba metálica pero como un poco divertida de la situación. ¿En serio estaba loca?
- No, no lo estoy. Solo lo parezco para que la gente piense que estoy loca al hablar conmigo misma... - Después de decirlo me reí, muy suave, pero risa al fin y al cabo.
"- Déjame hacerte una pregunta... ¿Estás sola? " Dejé de reirme, claro que no estaba sola.
En casa estaba Sandra y si necesitaba algo podía llamar a Caro o a Paul y ellos vendrían sin ningún problema ¿Qué clase de pregunta es esa? y sobre todo ¿Por qué hablo conmigo misma mentalmente?
- No, no estoy sola. - Nadie más volvió a responderme esa tarde.
Desperté un poco antes de lo previsto y me puse el uniforme, por fin viernes.
Estaba ligeramente alegre por el hecho de la existencia de "Fin de semana" aunque parecen escasos y en peligro de extinción, existen y eso ya solo me hace feliz.
Abrí la puerta de clase y estaban todos en sus grupos habituales así que me senté en mi sitio y miré por la ventana a ese árbol que me seguía todas las estaciones.
"¿Está sola?" seguía atormentándome a mi misma con esa pregunta, no sabía ni a qué se refería.
- Entonces abrir el libro de lectura y ...
"Cumple firme cometido
y no expresa sus carencias,
nunca tuvo un corazón
en su lugar, sólo Piedra."
Que tontería de poema, que tontería de esquizofrenia mental tengo, que tontería de todo.
Salí de la escuela al comedor y esta vez Caro no apareció y Paul me dijo que tenía que sacar una fotocopias. Cogí mi bandeja y me senté en una mesa, la más cercana, y empecé a comer.
Sola, eso es. Miré a mi al rededor y vi como la gente se reía y comentaba cosas amistosamente con los demás pero me centré más y todos estaban solos por dentro, vacíos. Fue una sensación muy extraña y a la vez desagradable.
Llegué a casa después de discutir con Andrés por haber fastidiado el cortometraje de Filosofía al añadirle efectos que sobraban y me tiré en la cama. Yo quería saber más, quería saber si estaba loca o no, quería saber si estaba sola y sobre todo quería saber de donde provenían esas pesadillas.
Llamé por teléfono a Paul que estaba medio dormido, siempre dormía.
Hablamos muchísimo pero algo no iba bien, aunque estábamos hablando tranquilamente yo notaba que él estaba distante pero ¿Por qué?
Colgé y me puse a llorar con la cara en la almohada. Esto tenía que ser una pesadilla.
"- ¿Estás ahora sola? " Seguía llorando y grité sollozando que sí, que me dejaran en paz, que estaba sola y perdida y en respuesta... solo risas...
y frío, mucho frío.
jueves, 15 de abril de 2010
Capítulo 1 - Pesadillas
Miré al techo desde mi cama y suspiré hondamente. Me aburría.
Siempre que entraba en la habitación repetía la misma rutina: tiro el abrigo en el perchero, la mochila en el suelo al lado del mismo, enciendo el ordenador, cojo el mp4 y me tiro en la cama a hacer nada.
Oí de milagro los maullidos, si es que se podían llamar a si del gatito. Suspiré y me levante de la cama vagamente: se había enredado entre los cables del ordenador y no se porqué empecé a reírme.
Seguramente ese gatito es la segunda alegría de mi vida después de Paul. Lo puse encima de la mesa y me senté en la silla mirándolo de reojo.
- ¿Qué nombre quieres? - ¿Por qué demonios le pregunto a un gato? estoy segura de que no me va a responder. - Hmm quizás ¿Tinker? ¿Mishy? ¿Bigotit-? no, eso nunca. - Me reí de nuevo y suspiré.
- Gato te quedas hasta que se me ocurra algo.
Miré por la ventana y empezaba a oscurecer, dos meses más y verano, paz, tranquilidad, no más falsedades en la escuela, no más sonrisas y lo más importante: silencio.
- Acuéstate que ya es tarde y mañana madrugas. - gritó Sandra desde el salón mientras seguramente veía ese programa que se hizo tan famoso, Flee o algo así.
No obtuvo respuesta por mi parte pero la debió de sobreentender de que no me iría. Así fue. Encendí la pantalla del ordenador y encontré a Carolina conectada.
No se cuantas veces escuché la voz de Sandra mandándome a dormir pero se que todas ellas las ignoré y seguí charlando hasta que a Caro se le fue la conexión y Gato se quedó dormido encima de mi almohada. Sonreí tontamente mirando al gatito mientras esperaba a que sonase ese ruidito de cuando se apaga el ordenador y una vez lo escuché caminé hasta el armario, cogí el pijama que tenía en uso y cogí al gatito en manos.
Ni se movió.
Abrí la cama y me metí en ella dejando al gatito a mi lado, lo tapé con cuidado y miré al techo.
Desperté y bostecé estirándome de pies y manos. Salí de la cama y vi al gatito mirando por la ventana. Me puse el uniforme y empecé a tener un poco de frío, seguramente Sandra puso el aire acondicionado a estas horas. Me coloqué un poco el pelo y me acerqué a la cocina. Estaba toda recogida e impecable así que por no querer ensuciar solo cogí una galleta que fui comiendo mientras me colocaba el abrigo a toda prisa por el bus. Nunca llegó el bus
Fue curioso, no oí a Sandra gritarme que no me llevaría si perdía el bus.
La calle estaba vacía y solo se oía el viento moviendo las ramas de los árboles. Un capote de nubes cubría todo el cielo y el aspecto que daba era espantoso. Sombras por todos los lados y más frío del que había en casa y de repente pasos. Cortos, ligeros, pasos.
Se acercaban, los oía cada vez más cerca y me giré: no había nada, empecé a correr instintivamente, sin rumbo, por las calles vacías mientras miraba a mi al rededor hasta que tropecé con mis propios pies y caí.
Seguía escuchando los pasos, igual de cortos y tranquilos, que se acercaban a mi desde todos los lados. Empezaba a sentirme agobiada, estresada y grité.
- ¡¿Quién anda ahí?! - No obtuve respuesta pero una vez grité quedé mucho mas relajada y respiré profundamente con los ojos cerrados.
Los abrí lentamente y ví una luz que se acercaba a mi, no, dos focos de luz. Miré entrecerrando un poco los ojos: un coche.
Un coche iba a arrollarme antes de que me pudiera levantar, escuché el pitido de la bocina que me taladró la cabeza de un golpe seguido de un susurro con una voz metálica: "Tienes una oportunidad".
Abrí los ojos de golpe, jadeando.
Esta era ya la tercera pesadilla en una semana, algo no va bien.
Me levanté de la cama y solo eran las 6 de la mañana y me dije "no puede ser..." era desesperante, llevaba días sin dormir tranquila y no entendía para nada las pesadillas: que si me tiraba por un acantilado y que tenía una oportunidad, que si el coche de ahora, que si hay un incendio en casa... empiezo a preocuparme.
Sentía frío, no se porqué la habitación estaba fría...fría, el aire acondicionado.
- ¿Sandra? - pregunté un poco asustada, el sueño se repetía y no recibí ninguna respuesta.
Me vestí lo más rápido que pude y bajé a la cocina. Sandra se había quedado dormida en el salón e instintivamente suspiré aliviada.
Salí, con tiempo y esta vez decidí ir caminando a la escuela.
Estaban las calles vacías, solo se oía el viento moviendo las ramas y el cielo empezaba a cubrirse de nubes. Espera, ¿Esto no lo había vivido yo antes?.
Empecé a sentir angustia y corrí, corrí por la acera hasta que llegué a la escuela. Frío, mucho frío.
El timbre que había sonado pero yo sentía que había corrido millones de kilómetros pero aún así parece que llegué tarde pero Carolina estaba a la puerta esperándome con las llaves del conserje y pude entrar...
¿Qué me está pasando?
Siempre que entraba en la habitación repetía la misma rutina: tiro el abrigo en el perchero, la mochila en el suelo al lado del mismo, enciendo el ordenador, cojo el mp4 y me tiro en la cama a hacer nada.
Oí de milagro los maullidos, si es que se podían llamar a si del gatito. Suspiré y me levante de la cama vagamente: se había enredado entre los cables del ordenador y no se porqué empecé a reírme.
Seguramente ese gatito es la segunda alegría de mi vida después de Paul. Lo puse encima de la mesa y me senté en la silla mirándolo de reojo.
- ¿Qué nombre quieres? - ¿Por qué demonios le pregunto a un gato? estoy segura de que no me va a responder. - Hmm quizás ¿Tinker? ¿Mishy? ¿Bigotit-? no, eso nunca. - Me reí de nuevo y suspiré.
- Gato te quedas hasta que se me ocurra algo.
Miré por la ventana y empezaba a oscurecer, dos meses más y verano, paz, tranquilidad, no más falsedades en la escuela, no más sonrisas y lo más importante: silencio.
- Acuéstate que ya es tarde y mañana madrugas. - gritó Sandra desde el salón mientras seguramente veía ese programa que se hizo tan famoso, Flee o algo así.
No obtuvo respuesta por mi parte pero la debió de sobreentender de que no me iría. Así fue. Encendí la pantalla del ordenador y encontré a Carolina conectada.
No se cuantas veces escuché la voz de Sandra mandándome a dormir pero se que todas ellas las ignoré y seguí charlando hasta que a Caro se le fue la conexión y Gato se quedó dormido encima de mi almohada. Sonreí tontamente mirando al gatito mientras esperaba a que sonase ese ruidito de cuando se apaga el ordenador y una vez lo escuché caminé hasta el armario, cogí el pijama que tenía en uso y cogí al gatito en manos.
Ni se movió.
Abrí la cama y me metí en ella dejando al gatito a mi lado, lo tapé con cuidado y miré al techo.
Desperté y bostecé estirándome de pies y manos. Salí de la cama y vi al gatito mirando por la ventana. Me puse el uniforme y empecé a tener un poco de frío, seguramente Sandra puso el aire acondicionado a estas horas. Me coloqué un poco el pelo y me acerqué a la cocina. Estaba toda recogida e impecable así que por no querer ensuciar solo cogí una galleta que fui comiendo mientras me colocaba el abrigo a toda prisa por el bus. Nunca llegó el bus
Fue curioso, no oí a Sandra gritarme que no me llevaría si perdía el bus.
La calle estaba vacía y solo se oía el viento moviendo las ramas de los árboles. Un capote de nubes cubría todo el cielo y el aspecto que daba era espantoso. Sombras por todos los lados y más frío del que había en casa y de repente pasos. Cortos, ligeros, pasos.
Se acercaban, los oía cada vez más cerca y me giré: no había nada, empecé a correr instintivamente, sin rumbo, por las calles vacías mientras miraba a mi al rededor hasta que tropecé con mis propios pies y caí.
Seguía escuchando los pasos, igual de cortos y tranquilos, que se acercaban a mi desde todos los lados. Empezaba a sentirme agobiada, estresada y grité.
- ¡¿Quién anda ahí?! - No obtuve respuesta pero una vez grité quedé mucho mas relajada y respiré profundamente con los ojos cerrados.
Los abrí lentamente y ví una luz que se acercaba a mi, no, dos focos de luz. Miré entrecerrando un poco los ojos: un coche.
Un coche iba a arrollarme antes de que me pudiera levantar, escuché el pitido de la bocina que me taladró la cabeza de un golpe seguido de un susurro con una voz metálica: "Tienes una oportunidad".
Abrí los ojos de golpe, jadeando.
Esta era ya la tercera pesadilla en una semana, algo no va bien.
Me levanté de la cama y solo eran las 6 de la mañana y me dije "no puede ser..." era desesperante, llevaba días sin dormir tranquila y no entendía para nada las pesadillas: que si me tiraba por un acantilado y que tenía una oportunidad, que si el coche de ahora, que si hay un incendio en casa... empiezo a preocuparme.
Sentía frío, no se porqué la habitación estaba fría...fría, el aire acondicionado.
- ¿Sandra? - pregunté un poco asustada, el sueño se repetía y no recibí ninguna respuesta.
Me vestí lo más rápido que pude y bajé a la cocina. Sandra se había quedado dormida en el salón e instintivamente suspiré aliviada.
Salí, con tiempo y esta vez decidí ir caminando a la escuela.
Estaban las calles vacías, solo se oía el viento moviendo las ramas y el cielo empezaba a cubrirse de nubes. Espera, ¿Esto no lo había vivido yo antes?.
Empecé a sentir angustia y corrí, corrí por la acera hasta que llegué a la escuela. Frío, mucho frío.
El timbre que había sonado pero yo sentía que había corrido millones de kilómetros pero aún así parece que llegué tarde pero Carolina estaba a la puerta esperándome con las llaves del conserje y pude entrar...
¿Qué me está pasando?
miércoles, 31 de marzo de 2010
Introducción
Llovía, era un día asqueroso, de esos que no tienes ganas ni de salir de la cama, pero hora de ir a la escuela.
Hacía ya cinco años que no veía a mi hermana, se había ido a hacer un cursillo en el extranjero. Dejé la fotografía familiar donde estaba y miré por la ventana abrazándome para darme calor al ver las gotas de agua caer por el cristal.
- Desayuno y bus. - Sonaba la voz de la criada desde la cocina con lo que parecía ser el ruido de platos y un grifo abierto. Estaba limpiando la cocina.
- Si, ahora voy.
Me puse unos vaqueros que encontré tirados en la silla y una camisa. Adecenté un poco el pelo y me miré al espejo suspirando. Da igual como me pusiera, era un día más en la escuela, sin nada nuevo.
Bajé las escaleras tranquilamente, pasando mi mano por la barra y deslizándola, bajaba de uno en uno hasta que otro mensaje, o amenaza, llegó a mis oídos.
- Como pierdas el bus no te voy a llevar, tu verás.
- No lo voy a perder... - Apenas se me escuchó pero tampoco quería que lo hiciera, era como hablar con la pared y esperar que esta te entendiera y te respondiese. Una pérdida de tiempo.
Llegué a la cocina y miré el desayuno: café y una tostada.
Lo curioso es que sabe que no me gusta el café pero por ahorrarse tiempo seguro que de lo que se hizo sobró eso y me lo echó sin miramientos.
Me acerqué al perchero y cogí el abrigo y la mochila con todos los libros necesarios y cuando me dispuse a abrir la puerta, Sandra la criada, salió de la cocina al ver que no comía el desayuno.
- ¿No desayunas?
- No me gusta el café y la tostada se te quemó mientras estabas hablando con tu novio por el telefono de casa, comeré algo de la que voy a la escuela.
La verdad era que se pasaba horas y horas abusando del telefono de casa hablando con su novio o amante o lo que fuera que fuese, que a mi tampoco me importaba demasiado.
Sandra era no muy alta, de pelo cobrizo y de ojos grandes y verde oscuro. Nació en Rumania pero se vino a trabajar aquí, en un pueblo perdido del mundo, porque decía que allí la cosa había empeorado.
¿Estará estudiando mi hermana en Rumania?
Salí de la casa sin vovler a mirarla y ví que el autobús ya estaba a lo lejos: lo había perdido.
Llovía a cántaros y no llevaba paraguas pero tampoco quería perder clase ni tampoco ir y decirle a Sandra que había perdido el bus y que me tendría que llevar, me contestaría algo como "te dije que no te llevaría" para acabar llevándome con cara de bulldog, vamos, de pocos amigos.
Empecé a caminar.
A mitad del camino dejó de llover y realmente se lo agradecí a Dios porque un resfriado era lo último que quería.
Seguía caminando hasta que oí un ruido muy lastimero, me giré y vi que provenía de una callejuela muy oscura, sin salida y estrecha. Me acerqué, tenía tiempo de sobra para llegar.
Miré y no encontré nada así que me giré para volver a caminar pero volvió a sonar. Venía de una caja de cartón mojada y casi podre. Me acerqué lo máximo que pude y vi un gatito de no mas de 2 meses de vida. No sabía si dejarlo ahí o en la puerta de una casa cercana pero había algo en ese gatito que no podía dejar de mirarlo y sentir compasión por él.
Era pequeño, muy pequeño, color naranja atigrado y estaba un poco sucio y empapado.
Lo cogí en manos y lo metí en el bolsillo de mi chaqueta, ahí al menos estaría calentito y seco. Dejé de oirle así que deduje que se habría dormido y seguí caminando.
Miré al frente y vi a un chico con una sudadera negra, y con la capucha tapándose la cara, escuchaba música porque veía los cables de los auriculares pero no veía nada más.
Estaba caminando hacia mi y pensé que se apartaría él pero no lo hizo y casi me tira de la fuerza que tenía.
- ¡Ten más cuidado!
Hablé al vacío porque ni si quiera se giró a pedirme perdón.
Llegué a la entrada de la escuela.
Entré por la puerta y recé por que fuera un mal sueño y que me despertaría en mi casa pero no, sonó el timbre y todos empezaron a correr para su aula. Yo estaba empapada así que me salté la primera clase y fui al baño a ver si podía arreglar algo el pelo o secar un poco la ropa.
Saqué al gatito del bolsillo y estaba aún dormido, lo dejé encima de la mesa del baño y me agaché para quedar mirándolo directamente. Era realmente tierno. Me iba a matar en casa si lo descubría Sandra pero no tenía porqué ¿no?.
Puse mis manos debajo del secador de manos y disfruté del calor tranquilamente mientras vigilaba al gatito encima de la mesa. Vi algo.
Me giré y no vi nada, todas las puertas de los baños abiertas y la que sale al pasillo cerrada. Esto empezaba a ser extraño.
De nuevo la sombra que atraviesa el baño por el espejo, me estaba asustando pero por suerte no creo en fantasmas ni en cualquier otra cosa así que deduje que sería cualquier reflejo de un cristal que me jugaba una mala pasada. Cogí al gatito y salí del baño.
El timbre dejó de sonar y otra vez movimiento y esta vez si fui a la clase, para variar. Entré y todos estaban hablando sobre el fin de semana pasado o el que viene, pero siempre el fin de semana. Me senté en mi sitio y esperé a que empezase la clase mientras escuchaba conversaciones agenas.
- ¿Viste el chico que servía copas? - Decía Ana Rodriguez toda emocionada, como si el chico fuera un modelo por descubrir. - El de los ojos claros y cara agraciada.
Ana era alta, pelo castaño tirando a oscuro y ojos oscuros también. La consideraban un poco "divertida" por eso de que cada noche estaba con un chico distinto.
- Chica, estaba muy oscuro... no tuve tiempo de fijarme en el camarero con todo lo que se movía a mi espalda
Por otro lado los chicos tenían su conversación paralela.
- Ví el otro día a Carmen Vallina caminando por ahí arriba, por donde el bar de Pedro y estaba..
Cosas sin importancia en resumen.
Comenzó la clase y todos se sentaron tranquilamente pero no atendían nada al profesor. Era algo normal, era clase de Lengua y Literatura y solo se dedicaba a leer fragmentos de "El libro del buen amor" que todo hay que decirlo, menuda tortura.
Las horas no pasaban, bueno, no las horas, los segundos. Era un martirio mirar el reloj de la pared y ver que no avanzaba, me limitaba a acariciar al gatito disimuladamente.
Miré por la ventana y vi como el viento agitaba los árboles cercanos y suspiré profundamente, empapada y con viento, al final no podría huir de la gripe.
Salimos de la clase casi un minuto antes de sonar el timbre y caminé hacia el comedor tranquilamente. Oía toda clase de insultos y de calamidades que, en fin, daba un poco de vergüenza.
Me puse a la cola para coger la comida y sentí un empujón.
- Quítate Cassandra, estorbas. - Dijo Tomás empujándome con su bandeja - ¿No ves que no me dejas pasar, estúpida?
- No es mi culpa si no entras, quizás debas ponerte a régimen... - lo dije en voz baja, no quería tampoco armar mucho escándalo pero me escuchó de todos modos.
- Cuidadito conmigo Cass, cuidadito
- Si es una amenaza, "Tom" intenta asustar a los de párbulos, igual ellos si tiemblan... pero de risa.
Marché con mi bandeja una vez preparada y me senté en la mesa a comer tranquilamente hasta que llegó Paul.
Sonó el timbre y por fin pude decir que Dios escuchó mis plegarias o... ¿Satanás? quién sabe.
Salí hablando con Paul y riéndonos como lo llevamos haciendo desde hace once años, qué tiempos...
Nos separamos en el cruce donde me caí la primera vez que monté en bicicleta y donde él me dijo que era como una hermana, la que nunca tuvo y seguí hasta mi casa.
Nunca pensé que nunca volvería a ver ese cruce.
Hacía ya cinco años que no veía a mi hermana, se había ido a hacer un cursillo en el extranjero. Dejé la fotografía familiar donde estaba y miré por la ventana abrazándome para darme calor al ver las gotas de agua caer por el cristal.
- Desayuno y bus. - Sonaba la voz de la criada desde la cocina con lo que parecía ser el ruido de platos y un grifo abierto. Estaba limpiando la cocina.
- Si, ahora voy.
Me puse unos vaqueros que encontré tirados en la silla y una camisa. Adecenté un poco el pelo y me miré al espejo suspirando. Da igual como me pusiera, era un día más en la escuela, sin nada nuevo.
Bajé las escaleras tranquilamente, pasando mi mano por la barra y deslizándola, bajaba de uno en uno hasta que otro mensaje, o amenaza, llegó a mis oídos.
- Como pierdas el bus no te voy a llevar, tu verás.
- No lo voy a perder... - Apenas se me escuchó pero tampoco quería que lo hiciera, era como hablar con la pared y esperar que esta te entendiera y te respondiese. Una pérdida de tiempo.
Llegué a la cocina y miré el desayuno: café y una tostada.
Lo curioso es que sabe que no me gusta el café pero por ahorrarse tiempo seguro que de lo que se hizo sobró eso y me lo echó sin miramientos.
Me acerqué al perchero y cogí el abrigo y la mochila con todos los libros necesarios y cuando me dispuse a abrir la puerta, Sandra la criada, salió de la cocina al ver que no comía el desayuno.
- ¿No desayunas?
- No me gusta el café y la tostada se te quemó mientras estabas hablando con tu novio por el telefono de casa, comeré algo de la que voy a la escuela.
La verdad era que se pasaba horas y horas abusando del telefono de casa hablando con su novio o amante o lo que fuera que fuese, que a mi tampoco me importaba demasiado.
Sandra era no muy alta, de pelo cobrizo y de ojos grandes y verde oscuro. Nació en Rumania pero se vino a trabajar aquí, en un pueblo perdido del mundo, porque decía que allí la cosa había empeorado.
¿Estará estudiando mi hermana en Rumania?
Salí de la casa sin vovler a mirarla y ví que el autobús ya estaba a lo lejos: lo había perdido.
Llovía a cántaros y no llevaba paraguas pero tampoco quería perder clase ni tampoco ir y decirle a Sandra que había perdido el bus y que me tendría que llevar, me contestaría algo como "te dije que no te llevaría" para acabar llevándome con cara de bulldog, vamos, de pocos amigos.
Empecé a caminar.
A mitad del camino dejó de llover y realmente se lo agradecí a Dios porque un resfriado era lo último que quería.
Seguía caminando hasta que oí un ruido muy lastimero, me giré y vi que provenía de una callejuela muy oscura, sin salida y estrecha. Me acerqué, tenía tiempo de sobra para llegar.
Miré y no encontré nada así que me giré para volver a caminar pero volvió a sonar. Venía de una caja de cartón mojada y casi podre. Me acerqué lo máximo que pude y vi un gatito de no mas de 2 meses de vida. No sabía si dejarlo ahí o en la puerta de una casa cercana pero había algo en ese gatito que no podía dejar de mirarlo y sentir compasión por él.
Era pequeño, muy pequeño, color naranja atigrado y estaba un poco sucio y empapado.
Lo cogí en manos y lo metí en el bolsillo de mi chaqueta, ahí al menos estaría calentito y seco. Dejé de oirle así que deduje que se habría dormido y seguí caminando.
Miré al frente y vi a un chico con una sudadera negra, y con la capucha tapándose la cara, escuchaba música porque veía los cables de los auriculares pero no veía nada más.
Estaba caminando hacia mi y pensé que se apartaría él pero no lo hizo y casi me tira de la fuerza que tenía.
- ¡Ten más cuidado!
Hablé al vacío porque ni si quiera se giró a pedirme perdón.
Llegué a la entrada de la escuela.
Entré por la puerta y recé por que fuera un mal sueño y que me despertaría en mi casa pero no, sonó el timbre y todos empezaron a correr para su aula. Yo estaba empapada así que me salté la primera clase y fui al baño a ver si podía arreglar algo el pelo o secar un poco la ropa.
Saqué al gatito del bolsillo y estaba aún dormido, lo dejé encima de la mesa del baño y me agaché para quedar mirándolo directamente. Era realmente tierno. Me iba a matar en casa si lo descubría Sandra pero no tenía porqué ¿no?.
Puse mis manos debajo del secador de manos y disfruté del calor tranquilamente mientras vigilaba al gatito encima de la mesa. Vi algo.
Me giré y no vi nada, todas las puertas de los baños abiertas y la que sale al pasillo cerrada. Esto empezaba a ser extraño.
De nuevo la sombra que atraviesa el baño por el espejo, me estaba asustando pero por suerte no creo en fantasmas ni en cualquier otra cosa así que deduje que sería cualquier reflejo de un cristal que me jugaba una mala pasada. Cogí al gatito y salí del baño.
El timbre dejó de sonar y otra vez movimiento y esta vez si fui a la clase, para variar. Entré y todos estaban hablando sobre el fin de semana pasado o el que viene, pero siempre el fin de semana. Me senté en mi sitio y esperé a que empezase la clase mientras escuchaba conversaciones agenas.
- ¿Viste el chico que servía copas? - Decía Ana Rodriguez toda emocionada, como si el chico fuera un modelo por descubrir. - El de los ojos claros y cara agraciada.
Ana era alta, pelo castaño tirando a oscuro y ojos oscuros también. La consideraban un poco "divertida" por eso de que cada noche estaba con un chico distinto.
- Chica, estaba muy oscuro... no tuve tiempo de fijarme en el camarero con todo lo que se movía a mi espalda
Por otro lado los chicos tenían su conversación paralela.
- Ví el otro día a Carmen Vallina caminando por ahí arriba, por donde el bar de Pedro y estaba..
Cosas sin importancia en resumen.
Comenzó la clase y todos se sentaron tranquilamente pero no atendían nada al profesor. Era algo normal, era clase de Lengua y Literatura y solo se dedicaba a leer fragmentos de "El libro del buen amor" que todo hay que decirlo, menuda tortura.
Las horas no pasaban, bueno, no las horas, los segundos. Era un martirio mirar el reloj de la pared y ver que no avanzaba, me limitaba a acariciar al gatito disimuladamente.
Miré por la ventana y vi como el viento agitaba los árboles cercanos y suspiré profundamente, empapada y con viento, al final no podría huir de la gripe.
Salimos de la clase casi un minuto antes de sonar el timbre y caminé hacia el comedor tranquilamente. Oía toda clase de insultos y de calamidades que, en fin, daba un poco de vergüenza.
Me puse a la cola para coger la comida y sentí un empujón.
- Quítate Cassandra, estorbas. - Dijo Tomás empujándome con su bandeja - ¿No ves que no me dejas pasar, estúpida?
- No es mi culpa si no entras, quizás debas ponerte a régimen... - lo dije en voz baja, no quería tampoco armar mucho escándalo pero me escuchó de todos modos.
- Cuidadito conmigo Cass, cuidadito
- Si es una amenaza, "Tom" intenta asustar a los de párbulos, igual ellos si tiemblan... pero de risa.
Marché con mi bandeja una vez preparada y me senté en la mesa a comer tranquilamente hasta que llegó Paul.
Sonó el timbre y por fin pude decir que Dios escuchó mis plegarias o... ¿Satanás? quién sabe.
Salí hablando con Paul y riéndonos como lo llevamos haciendo desde hace once años, qué tiempos...
Nos separamos en el cruce donde me caí la primera vez que monté en bicicleta y donde él me dijo que era como una hermana, la que nunca tuvo y seguí hasta mi casa.
Nunca pensé que nunca volvería a ver ese cruce.
Darkred's Curse
Bueno esta historia nació por pura diversión y es a día de hoy que tengo que agradecérselo a Kris y Sukka (ambos nicknames) por seguir ayudándome y divirténdose con ella.
Esta orientada en un mundo idílico y toda semejanza con la vida real, esta hecho a propósito con lo cual no se asusten si se sienten identificados con algún personaje o alguna acción de los mismos.
Muchas gracias y espero que se entretengan.
Esta orientada en un mundo idílico y toda semejanza con la vida real, esta hecho a propósito con lo cual no se asusten si se sienten identificados con algún personaje o alguna acción de los mismos.
Muchas gracias y espero que se entretengan.
Atte.: Naizy
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